Prepara una mochila ligera que puedas coger sin detenerte, pero no dejes que la lista decida por ti durante una emergencia. Si Protección Civil, el 112 u otra autoridad competente ordena evacuar, sal cuando lo indique y por la ruta que señale. Esa orden sustituye cualquier plan doméstico. Nunca entres en un tramo inundado, ni a pie ni en vehículo: da la vuelta y busca la alternativa indicada o pide ayuda al 112.

La mochila sirve para salir con lo esencial ya resuelto. No convierte una ruta anegada en segura ni justifica volver a casa a recoger algo.

La lista compacta, por orden de prioridad

1. Lo que permite identificarte, cuidar tus necesidades y comunicarte

  • Copias de documentos de identidad, datos del seguro y contactos de emergencia.
  • Medicación habitual que ya tengas indicada, junto con la receta o la información necesaria para identificarla.
  • Gafas, audífonos u otra ayuda técnica pequeña que uses a diario.
  • Teléfono, cable de carga y una batería externa cargada.
  • Una pequeña cantidad de efectivo.

Agrupa este primer nivel en una sola funda interior impermeable. Si debes salir con prisa, es la parte que no conviene dispersar por varios bolsillos.

2. Lo que ayuda a ver, recibir avisos y cubrir el trayecto inmediato

  • Linterna y pilas compatibles de repuesto.
  • Radio portátil de pilas o de carga manual.
  • Silbato.
  • Una botella de agua que puedas transportar sin convertir la mochila en una carga difícil de mover.
  • Una ración pequeña de comida lista para tomar y adecuada para las personas que van a usarla.

El agua y la comida para permanecer varios días en casa forman parte de la reserva doméstica, pero no tienen por qué ir enteras en una mochila de evacuación. Aquí importa equilibrar autonomía inmediata y peso razonable.

3. Lo que te mantiene seco y móvil

  • Calzado cerrado y firme, preparado junto a la mochila si ocupa demasiado dentro.
  • Chaqueta impermeable o capa de lluvia.
  • Un cambio compacto de ropa interior y calcetines.
  • Una prenda de abrigo ligera o manta térmica.
  • Higiene personal básica en formato pequeño y una bolsa para separar ropa mojada.

No hace falta duplicar prendas «por si acaso». Elige una capa para la lluvia, una para el frío y un cambio mínimo.

Cómo proteger documentos, medicación y electrónica del agua

Protección Civil pide colocar los documentos donde tengan menos riesgo de deteriorarse por humedad, y Cruz Roja recomienda guardarlos en alto y, si es posible, en bolsas herméticas. Una aplicación práctica para una mochila compacta es crear un núcleo impermeable:

  1. Guarda las copias de documentos y los contactos en una bolsa con cierre.
  2. Separa la medicación habitual en otra bolsa cerrada, sin alterar el tratamiento ni las indicaciones que ya tengas.
  3. Protege el teléfono, la batería externa, los cables y la radio pequeña en una tercera bolsa.
  4. Introduce las tres dentro de una funda impermeable mayor y fácil de reconocer.

Así, una única cremallera da acceso a lo delicado sin depender solo del tejido exterior de la mochila. Conserva además una copia digital segura de los documentos importantes cuando sea posible. Esta organización es una decisión editorial para aplicar las recomendaciones institucionales; no certifica que la mochila o los aparatos sean sumergibles.

Adapta la mochila a quienes salen

La lista cambia según el hogar. Añade solo lo que resuelva una necesidad real:

  • Bebés y menores: pañales, alimentación que ya utilicen, una muda y sus datos de contacto.
  • Personas mayores o con discapacidad: medicación habitual, gafas, audífonos, tarjeta con información relevante y ayudas técnicas transportables.
  • Mascotas: correa o transportín, cartilla, medicación habitual, una cantidad transportable de agua y comida, y bolsas higiénicas.
  • Necesidades menstruales o de incontinencia: productos suficientes para la salida y la primera acogida.

Reparte el peso únicamente entre quienes puedan llevarlo con seguridad. Si una ayuda técnica no cabe, inclúyela en el plan familiar y deja previsto cómo se transportará; no improvises durante la evacuación.

Dónde guardarla y cuándo revisarla

Déjala en un lugar seco, elevado, accesible y conocido por todas las personas del hogar, cerca de la salida habitual pero sin bloquearla. En una vivienda con riesgo de inundación, un sótano, un garaje bajo o un armario a ras de suelo pueden dejar la mochila fuera de alcance justo cuando se necesita.

Pon junto a ella el calzado firme y la chaqueta que usarías al salir. No guardes las llaves de la única salida en un bolsillo que pueda quedar inaccesible.

Revísala de forma periódica y también cuando cambien la medicación, los documentos, la talla de la ropa o las necesidades del hogar. Comprueba caducidades, carga de la batería externa, funcionamiento de linterna y radio, y estado de los cierres impermeables. La revisión debe hacerse antes del episodio de lluvias, no mientras esperas una orden de evacuación.

Qué dejar atrás

Deja fuera lo que añada peso sin mejorar una salida inmediata:

  • garrafas y la mayor parte de la reserva doméstica de agua;
  • comida para varios días si impide llevar la mochila con soltura;
  • herramientas duplicadas o voluminosas;
  • varios cambios de ropa, mantas pesadas y objetos sentimentales;
  • electrónica sustituible que no necesites para comunicarte;
  • cualquier objeto que tengas que buscar cuando ya se ha ordenado evacuar.

Si la mochila no está lista cuando llega una orden, sal sin completarla. No retrases la evacuación para recoger objetos, trasladar el coche o volver a una zona baja. Consulta los avisos de AEMET para prepararte antes, pero durante el episodio sigue la información de Protección Civil, el 112 y las autoridades locales: ellos determinan el momento y la ruta.

Al salir, ponte el calzado y la capa de lluvia, coge la mochila y usa únicamente la vía indicada que permanezca seca y transitable. Si encuentras agua sobre el recorrido, no la cruces. Retrocede a un lugar seguro, informa de tu ubicación al 112 y espera instrucciones.